Mi chiquitina

 Eras un ser extraordinario que iluminó mi vida durante trece años y medio. Hace apenas unos días te fuiste, y desde entonces, el vacío que dejaste es inmenso y doloroso. El silencio que ahora me rodea solía estar lleno de tu presencia reconfortante y de ese amor incondicional que solo tú sabías dar.


Durante más de una década, Kyra, mi fiel amiga, no fuiste solo una mascota, sino que has sido un miembro integral de mi familia, una confidente silenciosa y una fuente inagotable de alegría. Llegaste a mi vida un 8 de enero de 2014, en un momento en que necesitaba una luz, y desde el primer instante, te convertiste en ese faro de esperanza y compañía. Recuerdo con claridad el día que nos conocimos. Llegabas de Valencia metida en un trasportín. El conductor me dijo que no habías ni respirado. Cuando te saqué de él, con tus dos patitas agarraste mi cuello como si me dieras un  abrazo. Desde ese instante, nuestros caminos estuvieron unidos, compartiendo innumerables momentos que guardo en mi corazón como tesoros irremplazables.

Tu lealtad era inquebrantable, tu afecto puro y desinteresado. Cada mañana, tu entusiasmo al verme me impulsaba a empezar el día con una sonrisa. Tus juegos, tus siestas a mi lado, el simple hecho de sentir tu presencia cálida y tranquilizadora, todo ello conformaba la melodía de mi vida cotidiana. Eras un ser de hábitos tiernos y predecibles, cuya rutina se había entrelazado con la mía de tal manera que tu ausencia ha desestabilizado el orden natural de mis días. El sonido de tus pasos, el tintineo de tu collar, el ruidito que dejaban tus patitas al moverte por la casa, incluso tu respiración suave mientras dormía, eran sonidos que me envolvían en una sensación de paz .

Tu partida el 28 de junio de 2026 me golpeó con una fuerza devastadora. El día se tiñó de gris, y el mundo pareció detenerse por un instante. Aunque sabía que el tiempo contigo era un regalo, la realidad de tu partida física es un dolor que aún estoy aprendiendo a procesar. Cada rincón de la casa me recuerda tu presencia: tu cama vacía, tus juguetes esparcidos, el lugar donde solías esperarme. Estos objetos, antes testigos de tu vitalidad, ahora son monumentos a tu memoria, evocando tanto la felicidad que trajiste como la profunda tristeza que tu ausencia me ha dejado.

Los trece años y medio que compartimos fueron una lección constante de amor, paciencia y la belleza de la simplicidad. Kyra/mi fiel amiga, me enseñaste el valor de vivir el presente, de disfrutar de los pequeños placeres y de ofrecer amor sin reservas. En tus ojos, encontraba un reflejo de la bondad más pura, una inocencia que el mundo a menudo olvida. Tu capacidad para perdonar, para olvidar cualquier molestia y volver a ofrecer tu afecto incondicional, es un ejemplo que aspiraré a seguir.

Cada amanecer traía consigo la promesa de tu saludo, ya fuera un meneo de cola entusiasta,o simplemente la mirada expectante en tus ojos, esos ojos color ámbar que te traspasaba el corazón, que me invitaban a comenzar el día juntas. Compartimos innumerables momentos: largas caminatas por la playa, tardes acogedoras acurrucados en el sofá, juegos llenos de risas y, sobre todo, la simple pero profunda comodidad de saber que no estaba sola. Kyra tenías una habilidad asombrosa para percibir mis estados de ánimo. En los momentos de alegría, celebraba conmigo con una energía contagiosa. Y en los momentos de tristeza o soledad, te acurrucabas a mi lado, ofreciendo un apoyo silencioso pero poderoso que a menudo era todo lo que necesitaba para seguir adelante.

En este momento de duelo, busco consuelo en los recuerdos imborrables que has dejado. Cada paseo, cada caricia, cada momento de complicidad compartido se han grabado en mi alma. La huella que has dejado en mi vida es imborrable, un testimonio del profundo impacto que este ser, aparentemente pequeño, puede tener en el corazón de una persona.

Aunque tu cuerpo ya no esté entre nosotros, tu espíritu perdurará en mis pensamientos y en los incontables momentos de felicidad que compartimos. Agradezco profundamente el tiempo que tuve  de compartir contigo, y me consuela saber que viviste una vida plena, rodeada de amor y cuidados. Gracias por tu amor, tu lealtad y tu infinita dulzura. Descansa en paz, mi querida amiga. Siempre te llevaré en mi corazón.

 

Con el más profundo afecto y tristeza,

Marian

Jueves 2 de julio del 2026

 

 

 

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