La Niebla del  Puente de Sanabria

 

En lo profundo de la sierra de Sanabria, donde el viento se enreda con los susurros de los árboles centenarios y los riachuelos cantan su melodía eterna, existe un pequeño pueblo llamado El Puente de Sanabria. Este lugar, perdido en el tiempo, permanece desconocido para quienes no han nacido allí. Bajo la niebla que lo envuelve cada amanecer, se esconde algo oscuro, un secreto que solo los corazones más valientes se atreven a desentrañar. Las historias que se cuentan al calor de la lumbre hablan de sombras inquietantes y susurros que el viento arrastra desde tiempos inmemoriales. Este rincón olvidado del mundo guarda más misterios de los que cualquier viajero podría imaginar.

Mayte, una joven periodista madrileña, llegó a Sanabria una tarde de octubre. Había escuchado historias sobre desapariciones y fenómenos extraños, así que decidió escribir un reportaje. Al bajar del coche, la bruma la envolvió como un manto helado. Apenas se podía distinguir las casas de piedra antigua y tejados de pizarra.

Al entrar en el único bar abierto del pueblo, los parroquianos la miraron en silencio. Don Ignacio, el tabernero, le comento que debería quedarse y le ofreció una habitación, pero le dio:"Asegúrate las ventanas de que la ventana este bien cerrada, no te acerques a la ventana. Aquí la niebla trae recuerdos... y otras veces, cosas peores".

Esa noche, Mayte no podía dormir. El viento aullaba y algo golpeaba suavemente el cristal. Cuando se levantó para mirar, pudo distinguir, aunque no se veía con claridad una figura difusa, inmóvil, mirando hacia la ventana. El miedo la dejo inmóvil y no pudo gestionar palabra, ningún grito podía salir de su garganta.

Al día siguiente, bajo a desayunar y todos la miraban, ella comento lo que había pasado, pero nadie dijo nada. Don Eufrasio le dijo "Hay cosas que es mejor dejarlas como esta", fue la única persona que se dignó a decirle algo. "La niebla aquí en el Puente no es como las otras que hayas visto. Esconde a quienes no quieren ser encontrados...".

Mayte se puso a investigar durante días, pero el pueblo era una tumba, nadie sabía nada, nadie había visto u oído algo. Pero una anciana que estaba sentada cerca de la fuente le comento, cada década, en la misma semana de octubre, alguien desaparecía. Todos los relatos terminaban igual: una figura entre la niebla, una ventana abierta y el silencio absoluto.

Una noche con una cámara en mano decidió quedarse junto a la ventana. Sobre las doce de la madrugada, la niebla empezó a aparecer densa y un fría, a Mayte un frio intenso le recorrió el cuerpo y la hizo estremecer. De repente, la figura la estaba mirando, más cerca que la primera noche, casi la podía tocar. Pudo ver un rostro pálido, ojos vacíos una mueca en su cara terrorífica. Mayte intentó fotografiarla, pero no pudo estaba inmóvil. De repente la figura se evaporo, y escucho una voz sobrenatural que le decía: "Ya es tarde ya no te podrás ir".

A la mañana siguiente la mujer del tabernero subió para llamarla que bajara a desayunar, pudo ver con asombro que la habitación estaba vacía. La cama estaba echa, la maleta encima de la cama, la ventana abierta de par en par. Pero ni rastro de Mayte. Nadie volvió a verla, pero el pañuelo que ella siempre llevaba al cuello apareció en el suelo cerca del Puente de húmedo por el rocío de la mañana.

Dicen que cada vez que baja la niebla, se puede escuchar una voz lejana pidiendo ayuda. Pero nadie se atreve ya a mirar.

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   Marian  

Domingo 12  de Octubre del 2025

 

 

 

 

 

 
 

 
 

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