No tengo miedo a la vejez

No le tengo miedo a ser anciana, no temo las arrugas que irán surgiendo, ni la piel que se afloja como una sábana al viento. No me asustan los cabellos blancos que aparecen, ni el paso lento de mis propios pies que marcan el compás de mi vida. La vejez llegó con promesas de sabiduría y, aunque algunas cicatrices duelan, cada una de ellas cuenta una historia.


No le temo a la soledad, porque la he amado en mis períodos de reflexión, de paz. He hecho de la soledad mi aliada, un refugio donde la quietud permite que el alma respire. Sin embargo, hay algo que sí me inquieta, algo que se esconde en la sombra de esos años que aún no he vivido: el destino. Ese implacable arquitecto de nuestro ser que juega con cartas marcadas, que a veces te sienta en la mesa con una copa de vino, mientras otras te deja esperando bajo la lluvia, sin abrigo ni compañía.


No quiero ser una carga, un suspiro de resignación en la boca de nadie. No quiero ver en los ojos de los demás el reflejo de mi fragilidad ni enfrentar la dependencia que a menudo se asocia con la vejez. Quiero ser viento, quiero ser brisa, seguir moviéndome, aunque el cuerpo duela, porque el espíritu tiene alas que nos pueden llevar lejos.
Muchas estamos atravesando esta nueva etapa en nuestras vidas. Miramos al espejo y notamos las arrugas, las canas danzando entre nuestras melenas, y vemos a las jóvenes de 25 años al pasar, suspirando con nostalgia por aquellos días de juventud.

Pero se nos olvida que nuestras risas resonaron con la misma energía, y que alguna vez, como ellas, soñamos con un futuro lleno de posibilidades. Lo que ellas traen a la mesa con su juventud y ansias de vivir, nosotras lo traemos con nuestra sabiduría, experiencia y buen corazón.


Cada cana que adorna nuestra cabeza es un testimonio de las situaciones que hemos vivido. Si hemos llegado a los 60, somos guerreras, somos sobrevivientes de mil batallas. Hemos enfrentado pérdidas, hemos reído hasta que nos dolió el estómago, hemos amado profundamente, y aún seguimos aquí, firmes. Aunque nuestro exterior no luzca como antes, hemos intercambiado ese brillo por el espíritu inquebrantable que solo se forja con coraje y valentía.


Nunca debemos sentirnos mal por envejecer; es un privilegio tener la oportunidad de sumar años, de cosechar experiencias. Cada arruga es un mapa del viaje que hemos realizado, un símbolo de nuestras vivencias, de amores perdidos y encontrados, de sueños cumplidos y otros que quedaron en el camino. Quiero que mi vejez sea un poema de libertad, un café con aroma a recuerdos, una obra de arte que aún busca su última pincelada.


No le tengo miedo a la vejez, lo que realmente me aterra es perderme en un destino que no elegí. Me inquieta la idea de que los años me despojen de mi esencia, de que me conviertan en alguien que no reconozco. Quiero seguir teniendo voz, seguir siendo parte activa del mundo, incluso cuando el físico comience a ceder. La vida es un regalo, y cada mañana representa una nueva oportunidad para crear, para descubrir, para vivir intensamente.


Busco construir un camino donde la vejez no signifique encierro, sino enriquecer mis días con nuevas experiencias. Quiero rodearme de personas que celebren la vida, que valoren cada momento, que conviertan lo ordinario en extraordinario. A medida que avanzamos por este sendero, aprendamos a dar la bienvenida a las transformaciones, a celebrar cada cambio con la misma alegría con la que recibimos la juventud.


Podría decir que se han perdido algunas oportunidades, que ya no tengo la misma energía, pero eso no me detiene. A veces pienso que el destino puede ser tratado como un lienzo en blanco, donde cada uno de nosotros tiene la posibilidad de trazar su propia historia. No permitamos que ningún temor nos defina; en vez de ello, reafirmemos nuestro deseo de vivir plenamente, con los brazos abiertos y el corazón dispuesto a experimentar todo lo que el futuro nos depare.

Así que aquí estoy, lista para abrazar cada día, cada rayo de sol, cada susurro de viento. Estoy decidida a bailar con la vida, porque, al final, no hay mayor travesía que el camino del autodescubrimiento. Las arrugas o canas no disminuirán mi pasión por vivir. Soy más fuerte, más sabia y, sobre todo, más auténtica.


¡Viva la libertad de ser quienes somos!
Marian
Jueves 23 de octubre del 2025
 

 

 

 

 

 

 

 

Esta página Web ha sido realizada sin ningún ánimo de lucro. Sus imágenes están diseñadas por mi . Derechos de autor protegidos por la Ley de Propiedad de Madrid y por las Leyes Constitucionales de la Legislación española vigentes.
Autora y Webmaster:
By MarianDesigns © 2025