Hermosa vejez
No me da miedo envejecer, para nada, ni los cabellos blancos, ni me
asustan las arrugas, tampoco me asustan los achaques que mi cuerpo
pueda tener, ley de vida, el señor tiempo no perdona, pasa para todos,
me acuerdo cuando era adolescente se hacía eterna la semana, deseando
que llegara el fin de semana para poder salir a la disco, que lentitud
al principio, luego cada vez el tiempo empezó a pasar más rápido, da
vértigo, esto es lo que realmente me da mucho miedo.
La verdad que me da miedo el no poder valerme por mí misma, que un día
mis piernas que me han viajado tanto, se queden inmóviles, que mi
cabecita alocada y curiosa se pierda en el infinito, esto sí me da
pavor. No quiero que mi independencia se escape de mí, siempre he sido
muy fuerte e independiente, he cuidado de los míos, por lo menos lo he
intentado y ahora cuando veo que la vida pasa tan rápido que ni te das
cuenta, lo único que pido es conservar lo que soy, la dueña de mi vida.
Y que nadie me diga que es orgullo, para nada, es la necesidad de saber
todavía puedo decidir que mí, que sigo celebrando con la familia y
amigos, saliendo a pasear. La verdad que hacerse mayor no es nada
malo, tiene su encanto, todo es más calmado, pero perder el control eso
sí me aterra, sé que tampoco es fácil para los que están cerca de ti,
nadie quiere ver a una esposa, una madre, o una abuela postrada en una
cama, necesitada...
Pero mientras el tiempo me lo permita seguiré siendo libre e
independiente, esto es lo que me mantiene viva, no la juventud que hace
tiempo se fue, no los años que me quedan, sino la certeza de que de
momento sigo siendo la dueña de mí vida.
“En el movimiento está la vida y en la
actividad reside la felicidad” (Aristóteles). “Y si fuego es lo que
arde en los ojos de los jóvenes, luz es lo que vemos en los ojos del
anciano” (Víctor Hugo).
Marian
Miércoles 12
de febrero del 2025
|