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El
Umbral de las Piedras de Stonehenge
El viento soplaba con ese tono antiguo que solo
Escocia conoce.
Las colinas estaban cubiertas de brezo, y el cielo
tenía un gris tan profundo que parecía guardar secretos. Caminé hasta
el círculo de piedras de Stonehenge, un lugar que los lugareños apenas
mencionaban, como si temieran despertar algo dormido.
Las piedras se alzaban como guardianas del tiempo,
cubiertas de musgo y memoria.
Cada una parecía vibrar con una energía que no
pertenecía del todo a este mundo.
Me acerqué despacio, sintiendo cómo el aire se
volvía más denso, más vivo.
Extendí la mano y toqué la piedra central.
El frío me atravesó primero… luego, una corriente
cálida, como si el corazón del mundo latiera bajo mi piel.
El suelo desapareció.
El viento se transformó en canto.
Y el cielo se abrió.
Cuando volví a respirar, ya no estaba en Escocia.
Ante mí se extendía Avalon.
Un lago de aguas cristalinas reflejaba un cielo
dorado, y las colinas brillaban con luz propia. Los árboles tenían
hojas de plata y los pájaros cantaban melodías que parecían palabras
antiguas.
El aire olía a miel y a lluvia recién caída.
—Bienvenida —dijo una voz suave detrás de mí.
Me giré. Una mujer vestida con un manto azul, con
ojos que contenían siglos, me observaba.
—Has cruzado el umbral —continuó—. Las piedras te
han reconocido.
—¿Por qué yo? —pregunté, aun temblando.
—Porque llevas la memoria del bosque y el fuego del
alma —respondió—. Avalon no se abre a los curiosos, sino a los que
buscan recordar.
A mi alrededor, el paisaje parecía respirar
conmigo. Las flores se abrían al paso, y el lago emitía destellos como
si me saludara.
Sentí una paz tan profunda que las lágrimas me
brotaron sin tristeza. Comprendí entonces que las Piedras de Stonehenge
no eran solo un vestigio jacobita, sino un portal. Un puente entre el
mundo que olvida y el mundo que recuerda.
Entre la historia y la magia. Entre Escocia y
Avalon.
Me arrodillé junto al lago y toqué el agua.
Por un instante, vi reflejado mi rostro rodeado de
luz, y detrás de mí, las hadas del bosque de Lira danzando en silencio.
El círculo se había cerrado.
Yo también era parte de su historia.
Continua
Marian
Lunes 7 de
septiembre del 2026
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