|
Luz que Permanece
Estos premios son un regalo muy especial de mi queridísima amiga Ana María Zacagnino, una mujer cuya sensibilidad, generosidad y talento dejaron huellas profundas en mi vida. Aunque ya no está físicamente entre nosotros, su luz sigue acompañándome en cada paso, en cada recuerdo y en cada detalle que me regaló.
Cada premio que me entregó no es solo un reconocimiento: es un fragmento de su alma, una caricia de cariño que atravesó el tiempo y que hoy guardo como un tesoro sagrado. Ana María tenía esa capacidad única de ver la belleza en todo, de crear, de amar, de acompañar… y esos gestos siguen vivos en mí, como pequeñas llamas que nunca se apagan.
En Avalon, sus premios brillan con una luz distinta. Uno resplandece como su sonrisa, otro guarda la fuerza de su abrazo, y hay uno que parece susurrar su voz cuando el viento sopla entre los árboles. Son recuerdos, sí… pero también son presencia.
Son amor que permanece.
Me siento profundamente agradecida por haber compartido vida, amistad y magia con ella.
Y aquí, en esta Isla, sus premios descansan como estrellas que siguen iluminando mi camino.
|